La hipótesis
Me consideraba una persona inteligente. Creía que seguía el camino correcto, y que siempre había conseguido lo que me proponía. No era consciente de que hubo un día en que empecé a tomar decisiones equivocadas y ahora, a los treinta años, me enfrentaba a las consecuencias. Cuando tomas una decisión en el presente, muchas veces no eres consciente de las repercusiones negativas que a largo plazo ésta puede tener en tu vida, y que, desgraciadamente, en ocasiones pueden ser fatales. Pasa el tiempo, y la mayoría de las veces ni ves cómo avanza lentamente hacia ti y es entonces, cuando súbitamente te encuentras con la consecuencia (o consecuencias) de aquella decisión (o decisiones) que tomaste años ha, mirándote con su cuerpo descarnado y exhibiendo una lengua chorreante y pegajosa. Es entonces cuando sobreviene el temor - o el horror- y éste te paraliza. Tu cuerpo descarga masivamente estrés a tu circulación por medio de moléculas locas que se apoderan de tu juicio, y no lo sabes, pero tienes dos opciones: luchar o huir. ¿ Qué vas a hacer? Luchar es duro, pero si sales victorioso la recompensa puede ser grande, y en cuanto a huir...Bueno, ya se sabe, hay gente que huye y no vuelve jamás.
No ha sido hasta este año, hasta que he cumplido los 30, que he reflexionado - de verdad, a conciencia, sin tapujos - en qué momento empecé a tomar malas decisiones y por qué lo hice. Y con malas decisiones me refiero a las que tomé con una visión sesgada, sin disponer de información suficiente. La mayoría de nosotros, como me pasaba a mí, nos creemos totalmente capaces de tomar decisiones, ¡algunos hasta son expertos! pero, en nuestra vida personal, muchas de las decisiones importantes son tomadas casi por inercia, sin información previa suficiente y de un modo impulsivo. Relegamos la toma de decisiones de nuestra vida personal a un segundo plano, como si fuera menos importante que la profesional, ¡¿no es de locos?! Yo, como médico, podía ser capaz de revisar toda la evidencia disponible antes de tomar una decisión con un paciente, pero a la hora de decidir qué comer ¡lo hacía en cinco minutos! ¿No debería haber aplicado la misma rigurosidad a la hora de nutrirme? ¿No era la salud el valor que estaba promoviendo en mi trabajo? ¿Por qué mi propia salud era menos importante? ¿Por qué estaba siendo tan incoherente? ¿Por qué intentaba aprender a tomar las mejores decisiones para los demás mientras gestionaba mi vida personal aligeradamente, tomando una decisión tras otra sin tener datos suficientes, y a costa de un gasto emocional inmenso? No podía evitar pensar lo que acabé pensando, rumiando...¿Qué es lo que me ha hecho tomar estas malas decisiones? ¿Por qué no he pensado en que debía gestionar mi cuerpo, mi entorno, mis emociones, mi casa como si fuera el más importante de mis trabajos? Porque sabes, la única razón de que yo tuviera un trabajo y lo estuviera conservando era porque poseía el conocimiento necesario para tomar las decisiones y, en general, sabía lo que sabía y lo que no sabía, y cuando no sabía algo, buscaba intencionadamente el aprenderlo, buscaba los datos. ¡Ni siquiera pensaba si el trabajo que hacía me gustaba, si me hacía feliz, si realmente me ilusionaba! Era trabajo y había que hacerlo, ponía dinero en mi bolsillo - dinero que, por otra parte, no sabía gestionar -, y podía hacerlo porque tenía el conocimiento. Y ese conocimiento no me había venido dado como un maná, era una información que había adquirido tras muchos años de esfuerzo. En este momento, cuando mi vida profesional aparentemente prosperaba, el negocio de mi vida personal estaba en quiebra y yo, que era una mala empresaria con muy pocos recursos, no disponía de las habilidades necesarias para sacarlo adelante. ¿Qué podía hacer? ¡Se trataba de mi propia vida! No podía simplemente abandonarla y vivir otra que no fuera la mía.
Si no conseguía disfrutar con mi trabajo, al que tantas horas había dedicado para poder adquirir el preciado conocimiento, pero irónicamente me estaba yendo mejor en este aspecto que en mi vida personal, y en cambio, sí que era ciertamente feliz cuando en lo personal me iba bien, una tarea en la que no había invertido lo suficiente para aprender a desarrollarla con solvencia, ¿no podría yo conseguir un milagro emocional y vital - trascender, incluso - si invertía más recursos en adquirir conocimiento útil para mejorar mi vida personal, que era la que de verdad me hacía feliz? ¿No podría conseguir que mi principal ocupación fuera mi propia vida, a lo que más horas dedicar y lo que más satisfacciones me podría proporcionar? ¿No podría poner el conocimiento al servicio de mi vida, y no al revés?
Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme solo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida, pues vivir es caro, ni quería practicar la resignación a menos que fuera completamente necesario (Henry D. Thoreau).
Para llegar a la verdad hace falta desechar todas las opiniones adquiridas y reconstruir todo el sistema de conocimientos (Descartes).
Quiero saber si has encontrado la manera de invertir la rueda. Ya somos dos que nos replanteamos la vida y no seguir sinplemente la corriente, aunque yo todavía estoy en la fase de rumiante
ResponderEliminarMi querido Buda!! Cambiar una vida es muy difícil, pero para cambiar el mundo es lo que hay que hacer. Te escribiré por privado. Gracias por pasarte por aquí, me alegra mucho.
ResponderEliminarWhoever destroys a soul, it is considered as if he destroyed an entire world. And whoever saves a life, it is considered as if he saved an entire world (Talmud). Tenemos la obligación de salvar nuestras propias vidas para poder salvar el mundo!! Y si nos autodestruimos, estamos destruyendo todo un mundo...
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